No he muerto. Tampoco he sido exiliado. Mucho menos he decidido abandonar este blog. Simplemente me refrené de relatar el tropel de situaciones que sucedieron en los meses pasados (noviembre, diciembre, enero que ya termina) y me dediqué a solamente vivirlas. Por una u otra razón no necesité "desahogar" lo que me sucedía en este blog. Aún no tengo la necesidad de hacerlo y el escribir otra vez es por mero ocio, creo yo.
Por supuesto que volvió a suceder. Estoy casi seguro que lo último que escribí con respecto a J. es que él ahora me buscaba y yo lo rechazaba. La situación continuó de esa manera, pero el niño buscó su propia estrategia: acercarse a O. y hacerlo ahora "el objeto de su afecto". Me sorprendí cuando O. aceptó volver a hablar con él. Fue un día cualquiera en el antro en que nos vimos de lejos y J. me sonrió con esa sonrisa que puede desarmar al más duro de los ejércitos. Yo pensé que O. se molestaría pero no fue así y entre la música, el alcohol y ese ambiente "cachondo" que sólo se puede respirar en un antro gay empezaron a hablar como si nada. Después de ese día hablaron por teléfono y, así, poco a poco se acercaron otra vez. Me dio mucho gusto el saber que mi O. y mi platónico J. podían volver a tener "una relación", aunque fuera de amistad, pero por otro lado yo sabía que J. volvería a destrozar mi corazón si se lo permitía y por eso me alejé y lo alejé. Le dije que no quería verlo, pero que él podía continuar teniendo una relación con O. si así lo deseaba. Se acercaba mediados de diciembre y J. quería repetir el episodio del año pasado que aún me hace estremecer con sólo recordarlo. Insistió para que fuéramos otra vez con él a ese lugar y tuviéramos "unas vacaciones inolvidables". No cedí. Lo intentó por todos los medios y me mantuve firme. ¿Quién lo iba a decir? El Navegante Vagabundo fue capaz de resistir a la sonrisa más espectacular que existe en el universo y lugares circunvecinos. Seguramente me estoy haciendo viejo y amargado.
Desde el último día que J. estuvo en la ciudad, cuando vio que no había manera humana o no de convencerme (hasta llegué a decirle a O. que si quería fuera con él, pero O. prefirió no hacerlo) simplemente se fue. Y ya, ése fue si no el "punto final" de esta historia al menos sí un "punto y aparte" porque no volvió a llamarnos. No volvió a llamarme y no le volví a llamar. Habría pensado que desapareció de la faz de la tierra si no fuera porque hace un par de semanas lo encontramos O. y yo en un sitio público. Hice la cosa más estúpida que se puede hacer en esos casos: disimular que no lo vi. Supongo que él hizo lo propio porque tampoco se acercó a saludarnos. Me pregunto, si, finalmente, la frialdad terminará con lo que ha sido uno de mis amores más desgarradores que he tenido. No lo sé, y como dije, fue un punto en nuestra historia mas probablemente no un punto final.
Por otro lado, O. y yo tuvimos un "segundo aire" y durante diciembre hicimos lo que habíamos dejado de hacer desde hace tanto tiempo: salir cada fin de semana, emborracharnos, disfrutar del antro (de lo que se puede disfrutar) y traernos uno o más chicos a la casa. Fueron varias semanas muy locas, sí, pero cómo lo disfrutamos. Hasta volvimos a estar con él, ese chico fuera de toda descripción y comprensión. Si tan sólo alguien lo viera en persona o aunque fuera en fotografía lo comprendería. Es simplemente hermoso. Pero sí, siguieron siendo "momentos" solamente aunque muy bien disfrutados.
Hubo otra cosa digna de relatar y fue el conocer a K., un chico quien físicamente también me vuelve loco pero principalmente tiene una manera de ser que hace que no puedas evitar estar siempre sonriendo a su lado. Fue tan sólo un fin de semana, pero lo atesoraré durante mucho tiempo. Ignoro qué vaya a suceder con él, supongo que seremos "amigos" durante mucho tiempo y ya. No vale la pena que le rompamos el corazón; creo que si nos lo proponemos (y él también lo deseara) podríamos enamoranos los tres, pero inevitablemente terminaríamos por romperle el corazón (y él de paso hacer lo propio), ¿qué no?. Así que, supongo que la distancia también es lo mejor en este caso.
Hablando de romper el corazón, A. volvió a aparecer después de meses de ausencia y durante una noche intentamos revivir la ardiente pasión con la que teníamos nuestros encuentros, pero no sucedió. Recuerdo que él en una ocasión me dijo que besaba riquísimo y quisimos recrear esas sensaciones otra vez y no sucedió. El tiempo, el maldito tiempo. ¿O tal vez el tropel de sentimientos que tuvimos? ¿La distancia? ¿Los nuevos amores que él tuvo? ¿Los nuevos chicos que nosotros conocimos? (él lo adujo a éso). No sé qué fue, lo cierto es que al siguiente día simplemente se fue y no lo hemos vuelto a ver, aunque sé que a él lo veremos muy pronto otra vez. Igual nos sigue queriendo, igual lo seguimos queriendo.
Vaya que han sucedido cosas últimamente... ya es tiempo de que Navegante Vagabundo se desempolve y tome las riendas de su blog otra vez. For good.
lunes, enero 29, 2007
lunes, noviembre 06, 2006
Sexo entre amigos
Para ti, para ustedes dos. (Disculpen los demás lectores que escriba en segunda persona, a veces del singular y a veces del plural, pero ellos me entenderán).
El tema de sexo entre amigos siempre ha sido motivo de tabú. De una u otra manera, la mayoría de personas se imagina que si algunos (buenos) amigos terminan en la cama, la amistad se tornará extraña o en el peor de los casos podría simplemente terminar. Eso no debe ser necesariamente cierto, aunque es verdad que a menudo sucede así.
Yo ya había dejado entrever que me gustaste un buen aunque tal vez no te imaginabas que hablaba de ti (¿o sí?) y obviamente sé poner las cosas en su lugar (sí, a pesar de mi naturaleza cachonda) por lo que todo debía estar en donde pertenecía y nuestra cada vez más creciente amistad se fortaleció hasta el punto de que simplemente dejé de fantasear con algo más... hasta hace algunos días.
Sucedió de manera muy natural: nos vimos después de algunas semanas de no hacerlo, pasamos una tarde genial; comida sabrosa, muchas risas y la promesa de continuar divirtiéndonos al lugar que fuéramos. Nos arrepentimos del primer destino elegido y terminamos en ese apartado y acogedor rincón en el cual seguramente han sucedido tantas historias para contar pero que estaba a punto de ser testigo mudo de una nueva aventura entre cuatro.
Un poco de alcohol obtenido de manera cuasi desesperada en ese lejano lugar ayudó a empezar a poner el ambiente. Vídeos viejos y absurdos, muchas risas, anécdotas y recuerdos hicieron que las horas pasaran y que los cuatro amigos continuáramos tan cómodos como estábamos. Entre más tarde se hacía, más calor nos daba (a pesar de que la temperatura ambiental fuera descendiendo poco a poco) hasta llegar al punto de que alguien comentara lo bueno que sería que nos metiéramos a la alberca.
Ahí fuimos los cuatro. Primero de manera casi tímida a sacarnos la ropa. Claro está: ninguno llevaba traje de baño así que la opción era nadar en calzoncillos o desnudos. Nadie tomaba la iniciativa. Lo hiciste tú, A.M. (sí, ya tienes nombre oficial en este blog, imagínate) y yo te seguí. Quien estaba un poco reticente y tímido para hacerlo fue mi O. pero terminó cediendo y al final te uniste tú, I.L. y así los cuatro estuvimos retozando alegremente en la alberca. Algunos "deportes acuáticos" (no, no de ESOS que algunos imaginarán), más risas y una conversación amena. Miradas furtivas ahí y allá que dieron pie a iniciar la fantasía de lo que sucedería después.
El frío fue el pretexto ideal. Estábamos muy cerca los cuatro hasta que I.L. tomó la iniciativa y pegó su cuerpo junto al mío. Yo abrazaba a O. y él abrazaba a A.M. y así continuamos conversando. Ya no había más frío aunque estuviéramos dentro de la piscina en esa noche de hermosa luna llena. En algún momento salimos de la piscina, desnudos y ya sin ningún tipo de pudor y nos entregamos a los placeres etílicos. Un vino que no se dejaba destapar (pero que O. logró hacerlo, ¡eres mi héroe!), búsqueda desesperada de más alcohol y la propuesta de un pueril "juego de la botella" en el que todos adivinamos en el acto en qué terminaría.
Por las posiciones en que quedamos, siempre la botella giraba y terminaba apuntándome hacia A.M. (o viceversa) y a I.L. con O., sin excepción. Lo primero en "verdad y castigo" fue una verdad. ESTA verdad, aunque la pregunta no se hizo y la respuesta de mi parte fue "sí, ya lo sabes" y todos supimos de qué hablábamos. Así se rompió esa incómoda tensión que existía entre A.M. y yo porque nunca habíamos hablado sobre esto. La segunda ocasión fue "castigo" y claro, el castigo fue un tremendo beso que nos dimos sin pudor alguno.
A ese beso sucedieron varios más, entre A.M. y yo y entre I.L. y O. hasta que "cambiamos de pared" y por tanto de pareja. Me confieso: me puse nervioso unos segundos antes del primer inevitable beso... ¡y es que es mi amigo! ¿y si la amistad se hubiera arruinado? ¿y si todo no hubiera resultado bien y el beso hubiera sido fatal?. No fue nada de eso; fue cachondísimo y me agradó mil. La botella giró pocas veces más porque ya no fue necesario hacerlo; los cuatro en el sofá dejamos de lado los preámbulos y nos dedicamos a dar rienda suelta a las pasiones.
Lo que en ese momento me susurraste al oído me prendió por completo (¡gracias, qué obsequio!) y el calor no me bajó por muchas horas más; ni cuando estuvimos en la sala y mucho menos (sino por el contrario: aumentó) cuando los cuatro fuimos a la habitación. Vaya que A.M. te había hecho justicia cuando utilizó esos adjetivos prohibidos por ti para describir tu (viene aquí la guarrez) delicioso (¡y grueso!) miembro. Él tampoco canta nada mal las rancheras y qué delicia fue que los cuatro departiéramos así.
No sé cuánto tiempo pasó, pero fueron horas realizando toda suerte de posiciones en donde los besos y el sexo oral predominaron. Me habría encantado que hubiera sido toda la noche pero en algún momento exploté (me temo que de manera casi literal) y después caí rendido mientras ustedes tres continuaban disfrutando. En algún momento desperté sobresaltado para presenciar tremendo acto en donde penetrabas a A.M. y eso me volvió a prender como no tienes idea, pues soy casi por completo vouyerista (lo he confesado antes ya) y tener mi propio "show en vivo" me encanta. Otra vez dormité y cuando desperté fue para ver el "gran final" del acto en donde tanto tú como O. se vinieron sobre A.M., quien hizo lo propio un poco después pero para entonces yo ya estaba entregado a otro hombre: Morfeo.
Tuve sueños extraños pero ciertamente apacibles. Supe que por O. y por mí no habría problema por lo que sucedió, al contrario, nuestra amistad se habría fortalecido y hoy me enteré por ti que por ustedes tampoco lo habría, así que ahora puedo estar tranquilo. A la mañana siguiente, cuando se marcharon y O. y yo regresamos a casa, nos acordamos de lo que sucedió y volvimos a prendernos, terminando invariablemente en lo que todos pueden imaginar.
El sexo entre amigos no es bueno... ¡es genial!. Y con ustedes fue increíble; atesoraré ese recuerdo conmigo siempre.
El tema de sexo entre amigos siempre ha sido motivo de tabú. De una u otra manera, la mayoría de personas se imagina que si algunos (buenos) amigos terminan en la cama, la amistad se tornará extraña o en el peor de los casos podría simplemente terminar. Eso no debe ser necesariamente cierto, aunque es verdad que a menudo sucede así.
Yo ya había dejado entrever que me gustaste un buen aunque tal vez no te imaginabas que hablaba de ti (¿o sí?) y obviamente sé poner las cosas en su lugar (sí, a pesar de mi naturaleza cachonda) por lo que todo debía estar en donde pertenecía y nuestra cada vez más creciente amistad se fortaleció hasta el punto de que simplemente dejé de fantasear con algo más... hasta hace algunos días.
Sucedió de manera muy natural: nos vimos después de algunas semanas de no hacerlo, pasamos una tarde genial; comida sabrosa, muchas risas y la promesa de continuar divirtiéndonos al lugar que fuéramos. Nos arrepentimos del primer destino elegido y terminamos en ese apartado y acogedor rincón en el cual seguramente han sucedido tantas historias para contar pero que estaba a punto de ser testigo mudo de una nueva aventura entre cuatro.
Un poco de alcohol obtenido de manera cuasi desesperada en ese lejano lugar ayudó a empezar a poner el ambiente. Vídeos viejos y absurdos, muchas risas, anécdotas y recuerdos hicieron que las horas pasaran y que los cuatro amigos continuáramos tan cómodos como estábamos. Entre más tarde se hacía, más calor nos daba (a pesar de que la temperatura ambiental fuera descendiendo poco a poco) hasta llegar al punto de que alguien comentara lo bueno que sería que nos metiéramos a la alberca.
Ahí fuimos los cuatro. Primero de manera casi tímida a sacarnos la ropa. Claro está: ninguno llevaba traje de baño así que la opción era nadar en calzoncillos o desnudos. Nadie tomaba la iniciativa. Lo hiciste tú, A.M. (sí, ya tienes nombre oficial en este blog, imagínate) y yo te seguí. Quien estaba un poco reticente y tímido para hacerlo fue mi O. pero terminó cediendo y al final te uniste tú, I.L. y así los cuatro estuvimos retozando alegremente en la alberca. Algunos "deportes acuáticos" (no, no de ESOS que algunos imaginarán), más risas y una conversación amena. Miradas furtivas ahí y allá que dieron pie a iniciar la fantasía de lo que sucedería después.
El frío fue el pretexto ideal. Estábamos muy cerca los cuatro hasta que I.L. tomó la iniciativa y pegó su cuerpo junto al mío. Yo abrazaba a O. y él abrazaba a A.M. y así continuamos conversando. Ya no había más frío aunque estuviéramos dentro de la piscina en esa noche de hermosa luna llena. En algún momento salimos de la piscina, desnudos y ya sin ningún tipo de pudor y nos entregamos a los placeres etílicos. Un vino que no se dejaba destapar (pero que O. logró hacerlo, ¡eres mi héroe!), búsqueda desesperada de más alcohol y la propuesta de un pueril "juego de la botella" en el que todos adivinamos en el acto en qué terminaría.
Por las posiciones en que quedamos, siempre la botella giraba y terminaba apuntándome hacia A.M. (o viceversa) y a I.L. con O., sin excepción. Lo primero en "verdad y castigo" fue una verdad. ESTA verdad, aunque la pregunta no se hizo y la respuesta de mi parte fue "sí, ya lo sabes" y todos supimos de qué hablábamos. Así se rompió esa incómoda tensión que existía entre A.M. y yo porque nunca habíamos hablado sobre esto. La segunda ocasión fue "castigo" y claro, el castigo fue un tremendo beso que nos dimos sin pudor alguno.
A ese beso sucedieron varios más, entre A.M. y yo y entre I.L. y O. hasta que "cambiamos de pared" y por tanto de pareja. Me confieso: me puse nervioso unos segundos antes del primer inevitable beso... ¡y es que es mi amigo! ¿y si la amistad se hubiera arruinado? ¿y si todo no hubiera resultado bien y el beso hubiera sido fatal?. No fue nada de eso; fue cachondísimo y me agradó mil. La botella giró pocas veces más porque ya no fue necesario hacerlo; los cuatro en el sofá dejamos de lado los preámbulos y nos dedicamos a dar rienda suelta a las pasiones.
Lo que en ese momento me susurraste al oído me prendió por completo (¡gracias, qué obsequio!) y el calor no me bajó por muchas horas más; ni cuando estuvimos en la sala y mucho menos (sino por el contrario: aumentó) cuando los cuatro fuimos a la habitación. Vaya que A.M. te había hecho justicia cuando utilizó esos adjetivos prohibidos por ti para describir tu (viene aquí la guarrez) delicioso (¡y grueso!) miembro. Él tampoco canta nada mal las rancheras y qué delicia fue que los cuatro departiéramos así.
No sé cuánto tiempo pasó, pero fueron horas realizando toda suerte de posiciones en donde los besos y el sexo oral predominaron. Me habría encantado que hubiera sido toda la noche pero en algún momento exploté (me temo que de manera casi literal) y después caí rendido mientras ustedes tres continuaban disfrutando. En algún momento desperté sobresaltado para presenciar tremendo acto en donde penetrabas a A.M. y eso me volvió a prender como no tienes idea, pues soy casi por completo vouyerista (lo he confesado antes ya) y tener mi propio "show en vivo" me encanta. Otra vez dormité y cuando desperté fue para ver el "gran final" del acto en donde tanto tú como O. se vinieron sobre A.M., quien hizo lo propio un poco después pero para entonces yo ya estaba entregado a otro hombre: Morfeo.
Tuve sueños extraños pero ciertamente apacibles. Supe que por O. y por mí no habría problema por lo que sucedió, al contrario, nuestra amistad se habría fortalecido y hoy me enteré por ti que por ustedes tampoco lo habría, así que ahora puedo estar tranquilo. A la mañana siguiente, cuando se marcharon y O. y yo regresamos a casa, nos acordamos de lo que sucedió y volvimos a prendernos, terminando invariablemente en lo que todos pueden imaginar.
El sexo entre amigos no es bueno... ¡es genial!. Y con ustedes fue increíble; atesoraré ese recuerdo conmigo siempre.
lunes, octubre 23, 2006
El regreso del Navegante Vagabundo
Así, sin más, simplemente estoy de regreso.
La "depresión" terminó poco antes de que siquiera anunciara que la padecía, aunque los momentos posteriores a ésta, los de "recuperación" fueron casi tan difíciles como los que transcurrieron mientras me sentía tan mal, por eso me mantuve alejado.
No pretendo hacer un recuento de lo que sucedió (que por demás puede resultar largo, tedioso y sin sentido) pero sí me gustaría destacar algunos puntos; entre ellos, que llegué a sentirme tan mal que en algunos momentos llegó a pasarme por la cabeza el abandonar a O., ese hombre tan maravilloso que tengo al lado, tan sólo para sentir que podía sufrir más de lo que estaba sufriendo. Afortunadamente él se mantuvo firme a mi lado durante todo el tiempo y fue en gran parte su inagotable amor lo que me permitió salir de ese "agujero mental" en el que me encontraba.
Tal y como cualquier lector se pueda imaginar, por supuesto que J. estuvo involucrado en este proceso también. Para bien o para mal, ya no lo sé. Sucedió un día de esos en los que el cielo era negro para mí: llamó por teléfono, apareciendo "de la nada" y me preguntó cómo estaba. Le dije que no muy bien, tan sólo "regular" y me dijo que "tenía ganas de verme". No lo consideré conveniente en ese momento y le hice saber que después hablábamos para vernos. Fue una serie de llamadas las que sucedieron a ésa pero finalmente llegó el día de nuestro encuentro. Solicité que fuera en un lugar público para evitar cualquier tentación (me conozco) y así fue.
Volverlo a ver después de algún tiempo me produjo toda suerte de reacciones físicas y psicológicas. Las físicas está por demás describirlas aquí, pues lo he hecho a menudo con anterioridad (¡DIOS! ¡es tan bello!) pero a nivel psicológico me sucedió algo que jamás imaginé que llegaría a pasar: me di cuenta instantáneamente que a pesar de ser una maravilla de la creación, no valía la pena echar a perder muchas de las cosas que tengo en la vida tan sólo por él. Sé que en un mundo ideal no deberían ser así las cosas, pero vamos, no vivo en mi mundo de sueños (al menos no siempre) y sé que es un hecho el que O. y él no sienten lo mismo entre ellos que lo que yo siento por cada uno de ellos (y que ellos sienten por mí) así que mi fantasía de "los tres vivieron felices por siempre" simplemente no sucederá jamás.
A partir de ese día (en el que sí, hubo en algún momento un anhelado, largo y apasionado beso) J. comenzó a escribirme mensajes SMS más o menos frecuentemente, insistiendo en vernos "pronto". Como yo le había hecho saber a O. de mi encuentro con J. y no lo había tomado tan bien como antes, preferí guardar un poco la distancia y es ahí cuando empezó a experimentarse el cambio. J. insistía cada vez más, casi vehementemente que nos viéramos y yo empecé a ser cada vez más elusivo. Llegó un punto en que sus mensajes ya eran bastante explícitos, haciéndome saber que quería "estar conmigo" (en más de un sentido). Después de eso, me dijo que me quería. Posteriormente, me hizo saber que me amaba y terminó diciéndome que "no podía vivir sin mí", que "se dio cuenta de lo tonto que fue al habernos rechazado el año pasado" y bla bla bla. Sin embargo, entre más mensajes de ese tipo recibía (creo que el colmo fue una serie de mensajes durante cierta madrugada, cuando el niño estaba más borracho que una cuba) más me daba cuenta de que no era eso lo que yo quería, aunque llevaba más de un año pensando que así era.
No. No quiero un "amor a medias" de una persona que ya nos rechazó a O. y a mí anteriormente por quedarse a vivir con un maldito viejo horrible quien le compró un coche nuevo y una casa nueva. No quiero estar, compartir mi vida, con alguien quien se vende al mejor postor. No lo sé, tal vez muchas personas dirán que todos en nuestra vida llegamos a vendernos al mejor postor. Eso puede ser cierto en muchos aspectos (el laboral es indudable) pero a nivel personal, definir "el mejor postor" en términos de quién te puede dar más dinero y no de a quién te puedas entregar por completo, puede marcar una gran diferencia. Yo prefiero que "el mejor postor" pueda ser alguien a quien ame y me ame incondicionalmente. Con O. es así y ahora más que nunca estoy seguro de ello. Con el pobre de J., dudo que algún día pueda serlo.
Retomando lo que sucedió, después de que J. recibió una serie de abiertos rechazos de mi parte y tras un poco más de dos semanas de insistencia, se dio por vencido finalmente. Me dijo que "estaba bien, que lo entendía y que qué bueno que lo rechazara", que "iba a vivir pensando siempre en que fue un tonto por no haberse quedado a nuestro lado" y que "fuera siempre feliz con O.".
Dudo que lo anterior marque un punto final a la complicada historia de mi (¡nuestra!) relación con J., pero sí marcó una época importante, tal y como lo fueron nuestros mejores tiempos o el amargo abandono.
No estoy diciendo que fue lo que sucedió con J. lo que hizo que saliera de mi estado depresivo. Como lo mencioné al inicio, eso sucedió antes de que se diera todo esto con J., mientras yo tenía en la cabeza mil y un tonterías, pero sí sé que de alguna manera mi "Mr. Hyde" interno pudo sentirse complacido al "haber hecho sufrir" a quien me ha hecho "cachetear la banqueta" durante tanto tiempo. Qué cosas, Navegante Vagabundo se ha dado cuenta de que también tiene "un lado obscuro" (al menos uno más de los que ya conoce).
Por lo demás, pronto vendrán los acostumbrados relatos de las retomadas andanzas (no tan) secretas.
La "depresión" terminó poco antes de que siquiera anunciara que la padecía, aunque los momentos posteriores a ésta, los de "recuperación" fueron casi tan difíciles como los que transcurrieron mientras me sentía tan mal, por eso me mantuve alejado.
No pretendo hacer un recuento de lo que sucedió (que por demás puede resultar largo, tedioso y sin sentido) pero sí me gustaría destacar algunos puntos; entre ellos, que llegué a sentirme tan mal que en algunos momentos llegó a pasarme por la cabeza el abandonar a O., ese hombre tan maravilloso que tengo al lado, tan sólo para sentir que podía sufrir más de lo que estaba sufriendo. Afortunadamente él se mantuvo firme a mi lado durante todo el tiempo y fue en gran parte su inagotable amor lo que me permitió salir de ese "agujero mental" en el que me encontraba.
Tal y como cualquier lector se pueda imaginar, por supuesto que J. estuvo involucrado en este proceso también. Para bien o para mal, ya no lo sé. Sucedió un día de esos en los que el cielo era negro para mí: llamó por teléfono, apareciendo "de la nada" y me preguntó cómo estaba. Le dije que no muy bien, tan sólo "regular" y me dijo que "tenía ganas de verme". No lo consideré conveniente en ese momento y le hice saber que después hablábamos para vernos. Fue una serie de llamadas las que sucedieron a ésa pero finalmente llegó el día de nuestro encuentro. Solicité que fuera en un lugar público para evitar cualquier tentación (me conozco) y así fue.
Volverlo a ver después de algún tiempo me produjo toda suerte de reacciones físicas y psicológicas. Las físicas está por demás describirlas aquí, pues lo he hecho a menudo con anterioridad (¡DIOS! ¡es tan bello!) pero a nivel psicológico me sucedió algo que jamás imaginé que llegaría a pasar: me di cuenta instantáneamente que a pesar de ser una maravilla de la creación, no valía la pena echar a perder muchas de las cosas que tengo en la vida tan sólo por él. Sé que en un mundo ideal no deberían ser así las cosas, pero vamos, no vivo en mi mundo de sueños (al menos no siempre) y sé que es un hecho el que O. y él no sienten lo mismo entre ellos que lo que yo siento por cada uno de ellos (y que ellos sienten por mí) así que mi fantasía de "los tres vivieron felices por siempre" simplemente no sucederá jamás.
A partir de ese día (en el que sí, hubo en algún momento un anhelado, largo y apasionado beso) J. comenzó a escribirme mensajes SMS más o menos frecuentemente, insistiendo en vernos "pronto". Como yo le había hecho saber a O. de mi encuentro con J. y no lo había tomado tan bien como antes, preferí guardar un poco la distancia y es ahí cuando empezó a experimentarse el cambio. J. insistía cada vez más, casi vehementemente que nos viéramos y yo empecé a ser cada vez más elusivo. Llegó un punto en que sus mensajes ya eran bastante explícitos, haciéndome saber que quería "estar conmigo" (en más de un sentido). Después de eso, me dijo que me quería. Posteriormente, me hizo saber que me amaba y terminó diciéndome que "no podía vivir sin mí", que "se dio cuenta de lo tonto que fue al habernos rechazado el año pasado" y bla bla bla. Sin embargo, entre más mensajes de ese tipo recibía (creo que el colmo fue una serie de mensajes durante cierta madrugada, cuando el niño estaba más borracho que una cuba) más me daba cuenta de que no era eso lo que yo quería, aunque llevaba más de un año pensando que así era.
No. No quiero un "amor a medias" de una persona que ya nos rechazó a O. y a mí anteriormente por quedarse a vivir con un maldito viejo horrible quien le compró un coche nuevo y una casa nueva. No quiero estar, compartir mi vida, con alguien quien se vende al mejor postor. No lo sé, tal vez muchas personas dirán que todos en nuestra vida llegamos a vendernos al mejor postor. Eso puede ser cierto en muchos aspectos (el laboral es indudable) pero a nivel personal, definir "el mejor postor" en términos de quién te puede dar más dinero y no de a quién te puedas entregar por completo, puede marcar una gran diferencia. Yo prefiero que "el mejor postor" pueda ser alguien a quien ame y me ame incondicionalmente. Con O. es así y ahora más que nunca estoy seguro de ello. Con el pobre de J., dudo que algún día pueda serlo.
Retomando lo que sucedió, después de que J. recibió una serie de abiertos rechazos de mi parte y tras un poco más de dos semanas de insistencia, se dio por vencido finalmente. Me dijo que "estaba bien, que lo entendía y que qué bueno que lo rechazara", que "iba a vivir pensando siempre en que fue un tonto por no haberse quedado a nuestro lado" y que "fuera siempre feliz con O.".
Dudo que lo anterior marque un punto final a la complicada historia de mi (¡nuestra!) relación con J., pero sí marcó una época importante, tal y como lo fueron nuestros mejores tiempos o el amargo abandono.
No estoy diciendo que fue lo que sucedió con J. lo que hizo que saliera de mi estado depresivo. Como lo mencioné al inicio, eso sucedió antes de que se diera todo esto con J., mientras yo tenía en la cabeza mil y un tonterías, pero sí sé que de alguna manera mi "Mr. Hyde" interno pudo sentirse complacido al "haber hecho sufrir" a quien me ha hecho "cachetear la banqueta" durante tanto tiempo. Qué cosas, Navegante Vagabundo se ha dado cuenta de que también tiene "un lado obscuro" (al menos uno más de los que ya conoce).
Por lo demás, pronto vendrán los acostumbrados relatos de las retomadas andanzas (no tan) secretas.
jueves, septiembre 07, 2006
Ma vie (sans) rose
Se supone que éste sería un "blog cachondo" (le disguste a quien le disguste el término) y sin embargo, creo que mi vida ha adolecido últimamente de dicha "cachondez". No es que me haya mantenido célibe (¡dios (sic) me libre!) sino que, me temo, he caído estrepitosamente casi al fondo, en una especie de depresión.
Pocas cosas me interesan y menos aún me satisfacen. Me encuentro en un estado cuasi permamente de tristeza e indiferencia. No "soy yo" y por lo mismo creo que tengo poco, o casi nada, qué aportar.
Sin embargo, en el fondo (muy en el fondo) albergo la esperanza de algún día volver a ser el alegre y juguetón Navegante Vagabundo. Tal vez... sólo tal vez.
¡Hasta entonces!
Pocas cosas me interesan y menos aún me satisfacen. Me encuentro en un estado cuasi permamente de tristeza e indiferencia. No "soy yo" y por lo mismo creo que tengo poco, o casi nada, qué aportar.
Sin embargo, en el fondo (muy en el fondo) albergo la esperanza de algún día volver a ser el alegre y juguetón Navegante Vagabundo. Tal vez... sólo tal vez.
¡Hasta entonces!
lunes, julio 31, 2006
Desastroso
Por supuesto que esto no podía más que terminar en desastre.
Nos volvimos a ver. Estuvimos tanto tiempo juntos... nos acariciamos, nos abrazamos, nos besamos... "hicimos el amor" por más cliché que eso suene (hubo muy poco de sexo en eso, ja) y... la bomba estalló.
O. se puso como loco de celos, creo que no había sucedido antes (al menos desde hace casi un año que conocimos a J.). Discutimos. Peleamos. Nos reconciliamos.
Ahora J. se fue (otra vez) para siempre. Dice que lo mejor es que ya no nos volvamos a ver.
Qué dramas, dios, qué dramas... ¿será siempre así?.
(Posdata: Hoy, hace un año, fue la primera vez que escribí aquí, por lo que éste es mi primer aniversario. ¿Cómo es que pasa tan rápidamente el tiempo?. Cada día me hago más viejo...)
Nos volvimos a ver. Estuvimos tanto tiempo juntos... nos acariciamos, nos abrazamos, nos besamos... "hicimos el amor" por más cliché que eso suene (hubo muy poco de sexo en eso, ja) y... la bomba estalló.
O. se puso como loco de celos, creo que no había sucedido antes (al menos desde hace casi un año que conocimos a J.). Discutimos. Peleamos. Nos reconciliamos.
Ahora J. se fue (otra vez) para siempre. Dice que lo mejor es que ya no nos volvamos a ver.
Qué dramas, dios, qué dramas... ¿será siempre así?.
(Posdata: Hoy, hace un año, fue la primera vez que escribí aquí, por lo que éste es mi primer aniversario. ¿Cómo es que pasa tan rápidamente el tiempo?. Cada día me hago más viejo...)
martes, julio 25, 2006
Mi niño bonito
Caí otra vez, como sé que caeré ad nauseam mientras no ponga tierra de por medio.
J., es que eres irresistible para mí. No haberte visto en tanto tiempo (en realidad creo que fueron tan sólo pocos meses) no hizo más que exacerbar el deseo de hacerte mío otra vez.
Estuvimos juntos. Reímos. Nos tomamos de la mano. Nos abrazamos. Nos besamos. Cachondeamos.
¡Cuanto te extrañé, mi niño bonito!. Y ahora has regresado (otra vez) para joderme la vida (otra vez).
J., es que eres irresistible para mí. No haberte visto en tanto tiempo (en realidad creo que fueron tan sólo pocos meses) no hizo más que exacerbar el deseo de hacerte mío otra vez.
Estuvimos juntos. Reímos. Nos tomamos de la mano. Nos abrazamos. Nos besamos. Cachondeamos.
¡Cuanto te extrañé, mi niño bonito!. Y ahora has regresado (otra vez) para joderme la vida (otra vez).
jueves, julio 13, 2006
¿Será posible?
El "chico" (ni tan chico, ¡la tenía bastante grande y gruesa!) de anteayer dijo que, a sus 32 años, nunca había hecho un trío. Al principio me pidió que sólo mirara mientras O. y él hacían sus "cositas" (y a mí que casi no me gusta mirar, ¿verdad?), pero después de un par de vodkas ya estaba todo desinhibido y terminamos los tres en la cama, claro está.
¿En dónde había vivido la mitad de su vida? ¿Será posible que alguien, a los 32 años, jamás haya participado en un ménage à trois?. Qué tiempos tan extraños estos en los que vivimos...
(Disculpen ustedes la sobriedad y ausencia de posts cachondos últimamente. Debe ser un reflejo de algo que traigo en la cabeza).
¿En dónde había vivido la mitad de su vida? ¿Será posible que alguien, a los 32 años, jamás haya participado en un ménage à trois?. Qué tiempos tan extraños estos en los que vivimos...
(Disculpen ustedes la sobriedad y ausencia de posts cachondos últimamente. Debe ser un reflejo de algo que traigo en la cabeza).
jueves, junio 29, 2006
Enamoramiento y amor
Ayer que O. y yo estuvimos esperando a que llegara cierta hora, en una plaza pública y viendo chicos lindos pasar aquí y allá, llegamos a una conclusión después de que estuve viendo a un chico (de unos 19 años, lindísimo, delgado pero con unos brazos envidiables) que se detuvo junto a nosotros por más de 5 minutos, esperando a "su novia", aunque sin poder dejar de vernos de manera non sancta: el decir que alguien "está enamorado" no es más que un eufemismo que realmente significa que alguien está muy cachondo por otra persona. Tan cachondo que termina obsesionado por esa persona (ergo, se la pasa pensando en ella todo el tiempo, siente "mariposas" en el estómago y todos esos síntomas que seguro hemos sentido en más de una ocasión) y a final de cuentas piensa que la ama, aunque lo que realmente desea es llevarla a la cama.
El amor es una cosa muy diferente: ése no "nace" de un día para otro y es un sentimiento que se va construyendo con el conocimiento de la persona, la cotidianeidad, el tiempo y las experiencias vividas. Es un sentimiento que, si bien no es cachondo, al menos sí es fuerte, real y duradero.
Yo amo a O., pero ayer "me enamoré" de ese chico durante al menos 5 minutos. Qué cosas...
El amor es una cosa muy diferente: ése no "nace" de un día para otro y es un sentimiento que se va construyendo con el conocimiento de la persona, la cotidianeidad, el tiempo y las experiencias vividas. Es un sentimiento que, si bien no es cachondo, al menos sí es fuerte, real y duradero.
Yo amo a O., pero ayer "me enamoré" de ese chico durante al menos 5 minutos. Qué cosas...
viernes, junio 23, 2006
Ni "muy muy" ni "tan tan"
Acabo de descubrir el hilo negro.
No, en realidad es algo que ya sabía desde hace mucho pero que probablemente no había querido aceptar: ahora entiendo a la perfección que para no sufrir de "males del corazón" y no caer irremediablemente enamorado de los chicos lindísimos que se atraviesan por el camino debemos encontrar a alguien quien ni sea "muy muy" guapísimo ni "tan tan" feo y sin embargo que sea todo cachondo y rico en la cama.
Creo que M. es así, aunque claro que con el tiempo y cuando lo tratemos más lo sabré con certeza. Al menos las dos veces que hemos estado con él ya han sido muy buenas y sin embargo, al momento del "adiós" de la mañana siguiente no siento ninguna opresión en el corazón ni me la paso pensando en él. ¿Será porque él no es tan lindo como S., A. o J.?.
Quién sabe, el tiempo lo dirá, pero creo que un nuevo capítulo de la historia está a punto de ser escrito. Ya os lo haré saber.
No, en realidad es algo que ya sabía desde hace mucho pero que probablemente no había querido aceptar: ahora entiendo a la perfección que para no sufrir de "males del corazón" y no caer irremediablemente enamorado de los chicos lindísimos que se atraviesan por el camino debemos encontrar a alguien quien ni sea "muy muy" guapísimo ni "tan tan" feo y sin embargo que sea todo cachondo y rico en la cama.
Creo que M. es así, aunque claro que con el tiempo y cuando lo tratemos más lo sabré con certeza. Al menos las dos veces que hemos estado con él ya han sido muy buenas y sin embargo, al momento del "adiós" de la mañana siguiente no siento ninguna opresión en el corazón ni me la paso pensando en él. ¿Será porque él no es tan lindo como S., A. o J.?.
Quién sabe, el tiempo lo dirá, pero creo que un nuevo capítulo de la historia está a punto de ser escrito. Ya os lo haré saber.
lunes, junio 12, 2006
No sé si ponerme al día
Hay tantas cosas qué contar:
Sí, hay tantas cosas qué contar pero tan poco tiempo para hacerlo... (Tal vez algún día).
- El "noviecito" de O. quien pintaba muy bien a pesar de sus supuestos 19 años y que terminó teniendo 17 pero que al final de cuentas se puso un tanto freak.
- El que fuera inevitable que volviera a tener contacto con J., aunque "no quería volver a hablar con él jamás en la vida". Recuerdo el famoso "Never say never again" de James Bond.
- El chico del fin de semana quien, sin ser tan lindo ni tan joven, sí fue extraordinario en la cama. ¿Verdad que los de 24 años también te pueden dar sorpresas?. En cuanto lo vimos O. y yo supimos que terminaríamos "durmiendo" con él y así fue.
Sí, hay tantas cosas qué contar pero tan poco tiempo para hacerlo... (Tal vez algún día).
lunes, mayo 29, 2006
Tan sólo momentos
19 años. Indescriptiblemente precioso. 5 "venidas" a lo largo de toda la noche sin dormir, incluyendo la de la mañana antes de que lo lleváramos de regreso a la realidad.
¿Lo volvería a hacer? ¡Oh, sí! ¿Valió la pena? ¡Con creces! ¿Nos romperá el corazón?. No, él no lo hará. No habrá historia, tan sólo momentos.
¿Lo volvería a hacer? ¡Oh, sí! ¿Valió la pena? ¡Con creces! ¿Nos romperá el corazón?. No, él no lo hará. No habrá historia, tan sólo momentos.
viernes, mayo 19, 2006
"No quiero volver a verte"
El alcohol. De por sí tengo un lado dramático pero a menudo el alcohol lo exacerba. Hace un par de semanas coincidí con J. en una fiesta. Pocas horas antes, durante el día, me lo había encontrado casualmente y me había pedido que lo acompañara a varios lugares a hacer algunas cosas pendientes. Accedí a su petición, pensando en que todo iba a estar bien pero no lo estuvo. Pasar un tiempo con él, platicar, reír o tan sólo percibir su suave pero excitante aroma me trajo muchos recuerdos y desató (otra vez) algo en mí que no me gustó nada. Pensé que pasaría, pero al reencontrarnos en la fiesta por la noche y al volver a tener ese tropel de sensaciones me sentí alentado por el alcohol para decirle lo que me rondó por la cabeza desde muy temprano ese día: "Ya no quiero volver a verte". Fue breve nuestra conversación, preferí dejar la elocuencia para otra ocasión y decírselo directamente y sin más ni más. El chico quería decir algo pero no se lo permití. Me di la vuelta y me fui y él hizo lo propio. Desde ese día no he vuelto a saber de él.
No puedo negar que a la vez me siento liberado porque ya no ha despertado esos extraños sentimientos en mí, pero también me siento cada día más culpable por haber hecho eso. Se supone que yo soy "el grande", al menos tengo varios años más que él. También siempre he supuesto que soy "el maduro" pues en numerosas ocasiones J. ha comprobado actuar como un niño de corta edad a pesar de no serlo y sin embargo, eso de "no quiero volver a verte" fue algo tan infantil, tal vez sin sentido, tal vez no...
No puedo negar que a la vez me siento liberado porque ya no ha despertado esos extraños sentimientos en mí, pero también me siento cada día más culpable por haber hecho eso. Se supone que yo soy "el grande", al menos tengo varios años más que él. También siempre he supuesto que soy "el maduro" pues en numerosas ocasiones J. ha comprobado actuar como un niño de corta edad a pesar de no serlo y sin embargo, eso de "no quiero volver a verte" fue algo tan infantil, tal vez sin sentido, tal vez no...
jueves, mayo 11, 2006
viernes, abril 28, 2006
(No tan) secretas
Sabía que era inevitable que un día sucediera: dejé algunas pistas evidentes para que fuera así pero de todas maneras me cayó como una cubetada de agua fría el enterarme de que al menos tres personas quienes me conocen en la vida real han dado con este blog y lo han leído. Digo que "al menos" porque en este mundo virtual es muy fácil comentar "el hallazgo" con alguien de confianza, quien a su vez lo comentará con alguien de confianza y así, hasta que sea totalmente público.
Me dio muchas vueltas por la cabeza la idea de poner un mensaje de despedida y dejarlo por la paz y esa idea tuve durante toda la semana. Posteriormente pensé: ¿por qué tiene que ser tan malo? finalmente yo sabía que existía un riesgo (y tal vez hice mucho para que lo encontraran) al publicar cualquier información en Interent y sólo sucedió lo que debía suceder. ¿Y para qué cerrarlo? Creo que difícilmente me podrán suceder cosas más escandalosas y sórdidas de las que ya he relatado aquí, y si ya todo eso lo han leído entonces no puede ser tan malo, eso ya no se puede cambiar.
Y no es que me avergüence de mi vida; todo lo contrario: creo que puedo decir sin ningún empacho que vivo como se me pega la gana y disfruto de lo que hago. No tengo remordimiento por las cosas que he hecho, aunque a otras personas les parezcan "escandalosas". ES PARTE DE MI VIDA, SOY YO. Lo que escribo aquí no es todo lo que me define, pero sí es una muy íntima e importante parte de mí también.
Lo que sí me preocupa es que he escrito cosas de otras personas también, empezando por O. e incluyendo a S., J. y A. pues para estas personas es fácil deducir quiénes son ellos. Ni modo, sólo apelo a su sentido común para no cometer ninguna indiscreción con respecto a estos hombres tan especiales para mí. Afortunadamente a ustedes, ya saben quiénes son, los puedo considerar mis amigos y sé que puedo contar con su complicidad al respecto.
Voy a tratar de hacer el experimento de continuar con el blog como si nada sucediera: de relatar lo próximo que me suceda que no lo pueda contar en ningún otro lugar. Si me es posible hacerlo, continuaré con esta aventura y si no, será un capítulo más en mi historia.
Ya veremos qué nos depara el futuro...
Me dio muchas vueltas por la cabeza la idea de poner un mensaje de despedida y dejarlo por la paz y esa idea tuve durante toda la semana. Posteriormente pensé: ¿por qué tiene que ser tan malo? finalmente yo sabía que existía un riesgo (y tal vez hice mucho para que lo encontraran) al publicar cualquier información en Interent y sólo sucedió lo que debía suceder. ¿Y para qué cerrarlo? Creo que difícilmente me podrán suceder cosas más escandalosas y sórdidas de las que ya he relatado aquí, y si ya todo eso lo han leído entonces no puede ser tan malo, eso ya no se puede cambiar.
Y no es que me avergüence de mi vida; todo lo contrario: creo que puedo decir sin ningún empacho que vivo como se me pega la gana y disfruto de lo que hago. No tengo remordimiento por las cosas que he hecho, aunque a otras personas les parezcan "escandalosas". ES PARTE DE MI VIDA, SOY YO. Lo que escribo aquí no es todo lo que me define, pero sí es una muy íntima e importante parte de mí también.
Lo que sí me preocupa es que he escrito cosas de otras personas también, empezando por O. e incluyendo a S., J. y A. pues para estas personas es fácil deducir quiénes son ellos. Ni modo, sólo apelo a su sentido común para no cometer ninguna indiscreción con respecto a estos hombres tan especiales para mí. Afortunadamente a ustedes, ya saben quiénes son, los puedo considerar mis amigos y sé que puedo contar con su complicidad al respecto.
Voy a tratar de hacer el experimento de continuar con el blog como si nada sucediera: de relatar lo próximo que me suceda que no lo pueda contar en ningún otro lugar. Si me es posible hacerlo, continuaré con esta aventura y si no, será un capítulo más en mi historia.
Ya veremos qué nos depara el futuro...
lunes, abril 24, 2006
Love Generation (Epílogo de la Semana Santa)
En mi narración anterior omití contar un detalle que puede ser mínimo, pero que ahora me da tantas vueltas en la cabeza que ya no puedo sino gritarlo a los cuatro vientos:
El "sábado de gloria" por la noche que salimos con los amigos a bailar, como ya lo narré, estaba algo cansado por lo que decidí hacer algo que nunca había hecho antes: me tomé un famoso "Red Bull" antes de entrar al antro para ver si era cierto que surtía algún efecto en mí. Debo confesar que, a pesar de lo intrépidas que puedan parecerles a más de uno nuestras aventurillas sexuales, en el terreno de las drogas nunca hemos incursionado O. ni yo, y realmente no se nos antoja. Puesto que la famosa bebida energética es una especie de droga, aunque sea legal (me parece que ya han prohibido su venta en algunos países) puedo imaginar que fue mi primera incursión ahí, y que sí surtió efecto: no tuve sueño durante toda la noche y sentí mucha energía. Combinado con un poco de vodka fue mejor aún, aunque no me excedí con la bebida.
Pues bien, lo anterior era el preámbulo para contar lo que no se me puede salir de la cabeza: después de haber bailado toda la noche, dándome a desear con más de uno, como ya lo relaté, a eso de las seis de la mañana (cuando la mayoría de la gente ya se había ido o iban a salir, pues estaban a punto de cerrar el lugar) pusieron una vieja canción llamada "Love Generation" de Bob Sinclair y a pesar de que O. es fanático de la misma desde hace algún tiempo, yo nunca la había escuchado con atención, o nunca la había disfrutado bailando entre "borracho y energizado" y así lo hicimos: todo mi mundo se centró y giró alrededor de O. viéndome y bailando conmigo, a la mitad de la pista (que era prácticamente para nosotros), con los brazos extendidos y soñando despiertos al pegajoso ritmo del "bom, ba, bo, boom", en éxtasis, como si solamente existiéramos nosotros dos en el universo. Juro que fue una experiencia cercana al Nirvana que salió de manera espontánea pero que me dejó profundamente marcado.
Encontré el vídeo en este enlace por si alguien quiere verlo. Sé que no tiene nada de especial pero gracias a lo que sucedió para mí ahora cobra un gran significado y no me lo puedo sacar de la cabeza. Así me gusta. Así soy feliz.
(Epílogo del epílogo: J. nos llamó, que ya regresó a la ciudad y que nos quiere ver. Como decimos los mexicanos: ¡otra vez la burra al trigo!).
El "sábado de gloria" por la noche que salimos con los amigos a bailar, como ya lo narré, estaba algo cansado por lo que decidí hacer algo que nunca había hecho antes: me tomé un famoso "Red Bull" antes de entrar al antro para ver si era cierto que surtía algún efecto en mí. Debo confesar que, a pesar de lo intrépidas que puedan parecerles a más de uno nuestras aventurillas sexuales, en el terreno de las drogas nunca hemos incursionado O. ni yo, y realmente no se nos antoja. Puesto que la famosa bebida energética es una especie de droga, aunque sea legal (me parece que ya han prohibido su venta en algunos países) puedo imaginar que fue mi primera incursión ahí, y que sí surtió efecto: no tuve sueño durante toda la noche y sentí mucha energía. Combinado con un poco de vodka fue mejor aún, aunque no me excedí con la bebida.
Pues bien, lo anterior era el preámbulo para contar lo que no se me puede salir de la cabeza: después de haber bailado toda la noche, dándome a desear con más de uno, como ya lo relaté, a eso de las seis de la mañana (cuando la mayoría de la gente ya se había ido o iban a salir, pues estaban a punto de cerrar el lugar) pusieron una vieja canción llamada "Love Generation" de Bob Sinclair y a pesar de que O. es fanático de la misma desde hace algún tiempo, yo nunca la había escuchado con atención, o nunca la había disfrutado bailando entre "borracho y energizado" y así lo hicimos: todo mi mundo se centró y giró alrededor de O. viéndome y bailando conmigo, a la mitad de la pista (que era prácticamente para nosotros), con los brazos extendidos y soñando despiertos al pegajoso ritmo del "bom, ba, bo, boom", en éxtasis, como si solamente existiéramos nosotros dos en el universo. Juro que fue una experiencia cercana al Nirvana que salió de manera espontánea pero que me dejó profundamente marcado.
Encontré el vídeo en este enlace por si alguien quiere verlo. Sé que no tiene nada de especial pero gracias a lo que sucedió para mí ahora cobra un gran significado y no me lo puedo sacar de la cabeza. Así me gusta. Así soy feliz.
(Epílogo del epílogo: J. nos llamó, que ya regresó a la ciudad y que nos quiere ver. Como decimos los mexicanos: ¡otra vez la burra al trigo!).
lunes, abril 17, 2006
Santa semana
A pesar de que tradicionalmente se dice que Semana Santa son días "de recogimiento", la realidad es que para muchos (me incluyo) terminan siendo más días de re-cogimiento (chiste local mexicano). Este año fue un poco diferente, y aunque sucedieron muchas cosas, nada sexual sucedió.
Yo creo que me quedé con la idea de la llamada de J. y el hecho de que llamó un par de veces más para insistir en que fuéramos a visitarlo contribuyó a que hiciera la tontería que hice el viernes por la noche/sábado por la madrugada. Sí, ya lo sé, merezco los regaños que vendrán.
Salimos a bailar O. y yo al lugar a donde se va tradicionalmente los viernes. Estábamos acompañados de algunos queridos amigos y estábamos muy contentos. Yo decidí tomar sin medida ese día y así lo hice. Por alguna extraña razón me sentía extremadamente bien, me arreglé un poco más de lo que suelo hacerlo (no que vaya por la vida desarreglado) y estaba realmente radiante. Pudo ser la moral, pudo ser cualquier otra cosa pero esa noche a pesar de que el antro estaba a reventar (muchos chicos que vinieron desde otras ciudades, de vacaciones) fui todo un éxito pues los chicos que me gustaron eran quienes me estuvieron viendo durante la noche y yo, a diferencia de otras ocasiones en las que me muestro "amigable" (por decirlo de alguna sutil manera), en esta ocasión jugué al poser y no hice mucho caso de nadie. Si acaso alguna sonrisa aquí y allá, pero ningún coqueteo descarado.
¿Y cuál fue la estupidez que hice alrededor de las cuatro de la mañana? Coger mi móvil y, tal y como hace algunos meses, enviar un par de mensajes escritos a J., los cuales decían:
I miss you so much that you can't understand, not even imagine...
Y el otro:
But that's all right. We aren't meant to be together. Not in this life, anyway.
¿Por qué hago eso? ¿Por qué cuando he tomado más de lo debido reacciono de esa manera? Claro está: no le puedo echar la culpa al alcohol. Si hago eso es porque insconscientemente aún no puedo dejar ir a J. del todo. ¡Pero ya han pasado tantos meses! no debería ser así.
Al día siguiente ya había olvidado del todo los mensajes enviados y continuó el ánimo festivo con los amigos. Por la noche volvimos a salir a bailar, en esta ocasión al lugar a donde se va los sábados, y otra vez me sentía (y me veía, ciertamente) radiante. El sentimiento de la noche anterior fue superior aún y el lugar estaba (contrariamente a lo normal) a reventar de chicos guapos. Los dos que más me gustaron de todo el lugar se pusieron a bailar cerca de donde estaba con O. y con nuestros amigos.
Uno de los chicos medía como 1.85 m., se veía delgado aunque no "flaco", con cara de niño bueno (¿de qué otra manera me podría gustar?) aunque al mismo tiempo con una mirada pícara, de quien ya ha vivido algo. Le calculé unos 21 años, aunque probablemente tenía 19, ¿o tal vez 23?. No lo sé; lo que sí sé es que se movía como los mismos ángeles mientras bailaba y me costó mucho trabajo no dejarme llevar al cielo por el ritmo de sus caderas y ceder a sus coqueteos para bailar con él. Yo creo que fue lo que O. me susurró al oído que me hizo reaccionar: "Problemas. Este niño sólo nos va a traer problemas. Cómo nos gusta meternos en líos.". ¿Y cómo no? Si eso es lo único que aparentemente sabemos hacer con ellos: caer ante los encantos de una sonrisa irresistible, y al final de cuentas, invariablemente, sufrir.
El otro chico, de quien podría quedar realmente prendado, se veía un poco más grande aunque después me enteré que tenía 21 años (¡como me lo recetó el doctor!). Él era algo bajito, como de 1.70 m., muy blanco y con una barbita de candado que lo hacían ver súper sexy. Todo un angelito. Muy atractivo, yo creo que la mayoría de la gente del lugar lo estuvo viendo al menos un rato. Yo lo empecé a ver disimuladamente y a partir de que él se me quedó viendo de manera abierta y directa yo hice lo mismo, aunque ninguno de los dos nos acercamos a saludar al otro.
Así pasó algo de tiempo y yo me sentía en el paraíso: del lado derecho el primer chico descrito y del lado izquierdo el segundo. Si a eso sumamos que estaba bailando con O. y con nuestros amigos, fue un gran momento que duró varias horas. Pero como dije al inicio de esta narración: nada sucedió porque así quise que fueran las cosas. No me acerqué a saludar a nadie y nadie se acercó a saludarme. Todo fue un juego de miradas, de esas que te dicen más que mil palabras pero de ahí no pasó.
Un poco más tarde, uno de nuestros amigos (quien vive en otra ciudad, casualmente en la misma de donde es el segundo chico) empezó a platicar con éste y después de eso estuvieron juntos durante el resto de la noche. Un poco más tarde nos lo presentó y el chico no pudo evitar sonrojarse cuando me estrechó la mano y lo vi a los ojos, con una amplia y amable sonrisa francamente cachonda. Ya estaba con mi amigo y no soy de las personas que les arruinan la noche a otros. Probablemente no pasaría de "un acostón de una noche" pero de todas maneras, mi amigo es soltero y estaba algo ilusionado con el chico. Al final de la noche éste se puso tan borracho que terminó vomitando en el baño. Nada sexy el panorama. Cuando fue momento de irnos, cada quién se fue a su casa y el anhelado "acostón" no se dio.
Ahora me revolotea por la cabeza pedirle el número de teléfono de este chico a mi amigo, ¿pero para qué? Le llamaré, le diré que sí me gustó, como evidentemente se dio cuenta, y que sé que yo también le gusté (como también fue obvio) pero, ¿y después qué?. Saldremos O. y yo con él, sucederá lo que deba suceder ¿y al final de cuentas nos romperá el corazón, como todos?. No sé, sé que estoy tomando las cosas de manera muy negativa pero no puedo evitar pensar que es una constante con estos chicos y que deberíamos de alejarnos de ellos.
Ayer domingo por la tarde llamó J. y me dijo que nos ha extrañado, que ya casi regresa. Después de un rato de charla me preguntó por los mensajes que le envié, de los cuales me había olvidado por completo y le dije (tratando de aparentar calma) que lo olvidara, que estaba borracho y que no significaban nada. El chico no sabe francés y tampoco inglés, por lo que no entendió (otra vez) lo que decían. Qué fortuna. Me pidió que se los tradujera, le dije que no lo haría, que los borrara y ya. Me dijo que le preguntaría a alguien más y le recordé que no significaba nada y que si me volvía a preguntar fingiría demencia.
Estas cosas sólo me suceden a mí. Al menos este año la "Semana Santa" sí fue santa. Nada de sexo y pocos líos.
Yo creo que me quedé con la idea de la llamada de J. y el hecho de que llamó un par de veces más para insistir en que fuéramos a visitarlo contribuyó a que hiciera la tontería que hice el viernes por la noche/sábado por la madrugada. Sí, ya lo sé, merezco los regaños que vendrán.
Salimos a bailar O. y yo al lugar a donde se va tradicionalmente los viernes. Estábamos acompañados de algunos queridos amigos y estábamos muy contentos. Yo decidí tomar sin medida ese día y así lo hice. Por alguna extraña razón me sentía extremadamente bien, me arreglé un poco más de lo que suelo hacerlo (no que vaya por la vida desarreglado) y estaba realmente radiante. Pudo ser la moral, pudo ser cualquier otra cosa pero esa noche a pesar de que el antro estaba a reventar (muchos chicos que vinieron desde otras ciudades, de vacaciones) fui todo un éxito pues los chicos que me gustaron eran quienes me estuvieron viendo durante la noche y yo, a diferencia de otras ocasiones en las que me muestro "amigable" (por decirlo de alguna sutil manera), en esta ocasión jugué al poser y no hice mucho caso de nadie. Si acaso alguna sonrisa aquí y allá, pero ningún coqueteo descarado.
¿Y cuál fue la estupidez que hice alrededor de las cuatro de la mañana? Coger mi móvil y, tal y como hace algunos meses, enviar un par de mensajes escritos a J., los cuales decían:
I miss you so much that you can't understand, not even imagine...
Y el otro:
But that's all right. We aren't meant to be together. Not in this life, anyway.
¿Por qué hago eso? ¿Por qué cuando he tomado más de lo debido reacciono de esa manera? Claro está: no le puedo echar la culpa al alcohol. Si hago eso es porque insconscientemente aún no puedo dejar ir a J. del todo. ¡Pero ya han pasado tantos meses! no debería ser así.
Al día siguiente ya había olvidado del todo los mensajes enviados y continuó el ánimo festivo con los amigos. Por la noche volvimos a salir a bailar, en esta ocasión al lugar a donde se va los sábados, y otra vez me sentía (y me veía, ciertamente) radiante. El sentimiento de la noche anterior fue superior aún y el lugar estaba (contrariamente a lo normal) a reventar de chicos guapos. Los dos que más me gustaron de todo el lugar se pusieron a bailar cerca de donde estaba con O. y con nuestros amigos.
Uno de los chicos medía como 1.85 m., se veía delgado aunque no "flaco", con cara de niño bueno (¿de qué otra manera me podría gustar?) aunque al mismo tiempo con una mirada pícara, de quien ya ha vivido algo. Le calculé unos 21 años, aunque probablemente tenía 19, ¿o tal vez 23?. No lo sé; lo que sí sé es que se movía como los mismos ángeles mientras bailaba y me costó mucho trabajo no dejarme llevar al cielo por el ritmo de sus caderas y ceder a sus coqueteos para bailar con él. Yo creo que fue lo que O. me susurró al oído que me hizo reaccionar: "Problemas. Este niño sólo nos va a traer problemas. Cómo nos gusta meternos en líos.". ¿Y cómo no? Si eso es lo único que aparentemente sabemos hacer con ellos: caer ante los encantos de una sonrisa irresistible, y al final de cuentas, invariablemente, sufrir.
El otro chico, de quien podría quedar realmente prendado, se veía un poco más grande aunque después me enteré que tenía 21 años (¡como me lo recetó el doctor!). Él era algo bajito, como de 1.70 m., muy blanco y con una barbita de candado que lo hacían ver súper sexy. Todo un angelito. Muy atractivo, yo creo que la mayoría de la gente del lugar lo estuvo viendo al menos un rato. Yo lo empecé a ver disimuladamente y a partir de que él se me quedó viendo de manera abierta y directa yo hice lo mismo, aunque ninguno de los dos nos acercamos a saludar al otro.
Así pasó algo de tiempo y yo me sentía en el paraíso: del lado derecho el primer chico descrito y del lado izquierdo el segundo. Si a eso sumamos que estaba bailando con O. y con nuestros amigos, fue un gran momento que duró varias horas. Pero como dije al inicio de esta narración: nada sucedió porque así quise que fueran las cosas. No me acerqué a saludar a nadie y nadie se acercó a saludarme. Todo fue un juego de miradas, de esas que te dicen más que mil palabras pero de ahí no pasó.
Un poco más tarde, uno de nuestros amigos (quien vive en otra ciudad, casualmente en la misma de donde es el segundo chico) empezó a platicar con éste y después de eso estuvieron juntos durante el resto de la noche. Un poco más tarde nos lo presentó y el chico no pudo evitar sonrojarse cuando me estrechó la mano y lo vi a los ojos, con una amplia y amable sonrisa francamente cachonda. Ya estaba con mi amigo y no soy de las personas que les arruinan la noche a otros. Probablemente no pasaría de "un acostón de una noche" pero de todas maneras, mi amigo es soltero y estaba algo ilusionado con el chico. Al final de la noche éste se puso tan borracho que terminó vomitando en el baño. Nada sexy el panorama. Cuando fue momento de irnos, cada quién se fue a su casa y el anhelado "acostón" no se dio.
Ahora me revolotea por la cabeza pedirle el número de teléfono de este chico a mi amigo, ¿pero para qué? Le llamaré, le diré que sí me gustó, como evidentemente se dio cuenta, y que sé que yo también le gusté (como también fue obvio) pero, ¿y después qué?. Saldremos O. y yo con él, sucederá lo que deba suceder ¿y al final de cuentas nos romperá el corazón, como todos?. No sé, sé que estoy tomando las cosas de manera muy negativa pero no puedo evitar pensar que es una constante con estos chicos y que deberíamos de alejarnos de ellos.
Ayer domingo por la tarde llamó J. y me dijo que nos ha extrañado, que ya casi regresa. Después de un rato de charla me preguntó por los mensajes que le envié, de los cuales me había olvidado por completo y le dije (tratando de aparentar calma) que lo olvidara, que estaba borracho y que no significaban nada. El chico no sabe francés y tampoco inglés, por lo que no entendió (otra vez) lo que decían. Qué fortuna. Me pidió que se los tradujera, le dije que no lo haría, que los borrara y ya. Me dijo que le preguntaría a alguien más y le recordé que no significaba nada y que si me volvía a preguntar fingiría demencia.
Estas cosas sólo me suceden a mí. Al menos este año la "Semana Santa" sí fue santa. Nada de sexo y pocos líos.
domingo, abril 09, 2006
¿Brokeback J.? No, gracias.
Con lo que acaba de ocurrir, O. piensa que J. quiere tener su versión mexicana y bizarra de "Brokeback Mountain" con nosotros, pero me parece que no caeremos en el jueguito.
Resulta que, ahora aprovechando las vacaciones de semana santa, J. regresó al lugar en donde pasamos unos días realmente de ensueño hace algunos meses, alejados de la ciudad y camuflados por la bondad del campo. Ni tarda ni perezosa, llevaba apenas un par de días allá cuando nos llamó antier por teléfono "para que fuéramos con él". Fue O. quien contestó la primera llamada y por poco lo convence de que tomáramos el carro y manejáramos hasta allá, pero O. fue fuerte y se resistió a la vocecita (de niño tierno, pero a la vez tan varonil) de J. con su verdaderamente atractiva invitación. Al otro día, J. volvió a llamar y en esta ocasión yo contesté pero le dije lo mismo que O. le dijo: que no iríamos.
No es que nos moleste pasar unos extraordinarios días en la compañía de J., teniendo sexo en los lugares más insospechados y viviendo nuestra propia fantasía. El problema es que no lo vamos a hacer cada que J. quiera, en sus propias condiciones y después pasar tanto tiempo en la misma ciudad, fingiendo que no sucede nada; él con su (ridícula) pareja y simulando que tan sólo somos buenos amigos. Amén de que aún me mueve algunas cosas el chico y prefiero por ahora dejarlo así. No lo sé, tal vez en algún futuro (¿meses? ¿años?) pueda aceptar una relación de ese tipo: que lo veamos cuando se le antoje y simplemente disfrutarlo pero por ahora no puedo y no lo haremos.
Ni modo, J., tendrás que conseguir a tu(s) propio(s) vaquerito(s) para que vivas tu "Brokeback". Nosotros no, gracias.
Resulta que, ahora aprovechando las vacaciones de semana santa, J. regresó al lugar en donde pasamos unos días realmente de ensueño hace algunos meses, alejados de la ciudad y camuflados por la bondad del campo. Ni tarda ni perezosa, llevaba apenas un par de días allá cuando nos llamó antier por teléfono "para que fuéramos con él". Fue O. quien contestó la primera llamada y por poco lo convence de que tomáramos el carro y manejáramos hasta allá, pero O. fue fuerte y se resistió a la vocecita (de niño tierno, pero a la vez tan varonil) de J. con su verdaderamente atractiva invitación. Al otro día, J. volvió a llamar y en esta ocasión yo contesté pero le dije lo mismo que O. le dijo: que no iríamos.
No es que nos moleste pasar unos extraordinarios días en la compañía de J., teniendo sexo en los lugares más insospechados y viviendo nuestra propia fantasía. El problema es que no lo vamos a hacer cada que J. quiera, en sus propias condiciones y después pasar tanto tiempo en la misma ciudad, fingiendo que no sucede nada; él con su (ridícula) pareja y simulando que tan sólo somos buenos amigos. Amén de que aún me mueve algunas cosas el chico y prefiero por ahora dejarlo así. No lo sé, tal vez en algún futuro (¿meses? ¿años?) pueda aceptar una relación de ese tipo: que lo veamos cuando se le antoje y simplemente disfrutarlo pero por ahora no puedo y no lo haremos.
Ni modo, J., tendrás que conseguir a tu(s) propio(s) vaquerito(s) para que vivas tu "Brokeback". Nosotros no, gracias.
martes, abril 04, 2006
Bendita primavera
(¿O debo decir "maldita"?).
Con este calor, la frase "como burro en primavera" nunca ha cobrado más sentido que ahora.
Estoy todo caliente y así llevo varios días. Tengo ganas de cogerme a un hermoso chico veinteañero, hasta que grite "¡ya no más, papi!".
Qué soez, lo siento, pero siempre lo he sido, ¿qué no?.
Espero que aparezca alguno por aquí...
Con este calor, la frase "como burro en primavera" nunca ha cobrado más sentido que ahora.
Estoy todo caliente y así llevo varios días. Tengo ganas de cogerme a un hermoso chico veinteañero, hasta que grite "¡ya no más, papi!".
Qué soez, lo siento, pero siempre lo he sido, ¿qué no?.
Espero que aparezca alguno por aquí...
viernes, marzo 31, 2006
Tolerancia y Respeto (¡Perdón, O.!)
El fin de semana pasado ocurrió un incidente que, si bien no había ocurrido antes y dudo que se repita, me hizo sentir muy triste: O. y yo salimos a bailar y en algún momento de la noche (en que yo había tomado mucho, pero eso no es justificación de todas maneras) le hablé muy fuerte, le dije palabras que nunca había empleado (me referí a él como "este güey", que si bien puede no sonar "fuerte" no es la manera en que nos hablabamos ni ahora ni nunca) y él se sintió muy triste.
Al siguiente día aclaramos el hecho y ya estamos bien, claro está, pero no concibo cómo pude hablarle así al hombre de mi vida.
Tolerancia y respeto son ingredientes BÁSICOS en una relación. Claro que si posteriormente le agregas amistad, cariño, amor, sexo, excelente convivencia y muchos más ingredientes probablemente encuentres LA RELACIÓN de tu vida pero por algo se debe empezar y los dos primeros que mencioné son básicos.
Perdóname, O., no volverá a ocurrir.
Al siguiente día aclaramos el hecho y ya estamos bien, claro está, pero no concibo cómo pude hablarle así al hombre de mi vida.
Tolerancia y respeto son ingredientes BÁSICOS en una relación. Claro que si posteriormente le agregas amistad, cariño, amor, sexo, excelente convivencia y muchos más ingredientes probablemente encuentres LA RELACIÓN de tu vida pero por algo se debe empezar y los dos primeros que mencioné son básicos.
Perdóname, O., no volverá a ocurrir.
jueves, marzo 23, 2006
Se fue A.
Ya lo presentía, lo veía venir aunque quería negarme al hecho y pensar que tan sólo se estaba adaptando. Por elección propia, y por segunda vez, A. decidió dar un paso fuera de nuestras vidas. Así, de manera drástica y repentina, sin avisarnos nada ni conversar con nosotros cara a cara sino por correo electrónico.
Él ha argumentado que, aunque lo intentó, no se puede integrar a nuestra relación y que O. y yo estamos tan unidos que él nunca se sentirá como parte de nosotros. Está bien, puedo entender y aceptar eso pero me duele que no haya hablado con nosotros mientras estuvo aquí en casa, por casi una semana, que la pasamos maravilloso y que haya decidido irse sin volvernos a ver.
Pensé que el chico había madurado pero hizo lo mismo que había hecho el año pasado: desaparecer nada más así, sin dar muchas explicaciones y sin intención de volver a vernos nunca más. Claro, no dudo que en un futuro suceda otra vez pero de algo estoy seguro: no volveremos a caer en un jueguito de intentar algo con él, es desgastante.
¿Qué le pasa a estos chicos? ¿Por qué se van? ¿Por qué no pueden hablar con nosotros? ¿Por qué no muestran madurez? Es evidente que el problema es nuestro y no de ellos (ya tres en poco menos de dos años es demasiado, ¿qué no?) pero aún así pienso que se deberían hablar las cosas antes de actuar tan drásticamente.
Afortunadamente en esta ocasión salí bien librado sentimentalmente: no le entregué mi corazón en bandeja de plata pues lo quiero, lo estimo y me encanta pero no me permití enamorarme completa y locamente de él. Es un lujo que no puedo darme ya: entregarle el corazón a cualquiera.
Adiós, A., que tengas una buena vida.
Él ha argumentado que, aunque lo intentó, no se puede integrar a nuestra relación y que O. y yo estamos tan unidos que él nunca se sentirá como parte de nosotros. Está bien, puedo entender y aceptar eso pero me duele que no haya hablado con nosotros mientras estuvo aquí en casa, por casi una semana, que la pasamos maravilloso y que haya decidido irse sin volvernos a ver.
Pensé que el chico había madurado pero hizo lo mismo que había hecho el año pasado: desaparecer nada más así, sin dar muchas explicaciones y sin intención de volver a vernos nunca más. Claro, no dudo que en un futuro suceda otra vez pero de algo estoy seguro: no volveremos a caer en un jueguito de intentar algo con él, es desgastante.
¿Qué le pasa a estos chicos? ¿Por qué se van? ¿Por qué no pueden hablar con nosotros? ¿Por qué no muestran madurez? Es evidente que el problema es nuestro y no de ellos (ya tres en poco menos de dos años es demasiado, ¿qué no?) pero aún así pienso que se deberían hablar las cosas antes de actuar tan drásticamente.
Afortunadamente en esta ocasión salí bien librado sentimentalmente: no le entregué mi corazón en bandeja de plata pues lo quiero, lo estimo y me encanta pero no me permití enamorarme completa y locamente de él. Es un lujo que no puedo darme ya: entregarle el corazón a cualquiera.
Adiós, A., que tengas una buena vida.
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